Casa Ardilla es un ejercicio de relectura de la vivienda andaluza tradicional. El patio — elemento central de la casa mediterránea desde hace siglos — se convierte en el corazón del proyecto: un espacio en sombra, con escalera curva, pequeña piscina de cerámica al agua y tejas artesanas que coronan el conjunto.
La arquitectura se construye con un vocabulario tan elemental como rotundo: muros encalados, suelos de barro, arcos rebajados y la piscina como pieza escultural. El color blanco domina; el verde de las plantas y la cerámica aportan el contrapunto vegetal.
El resultado es una casa que se entiende a la primera, como un buen proverbio. No imita el pasado — lo traduce.